Sin feministómetro: las luchas de las mujeres nunca son homogéneas ni egoístas
8M | 07.Mar.2019 | 19:50

Por Eliana Benay. Periodista* | El Día Internacional de la Mujer Trabajadora de este año nos encuentra mundialmente en medio de varios debates impulsados principalmente por el Movimiento Feminista que históricamente ha encabezado la lucha. Pero también atravesados por una realidad que abruma: más de 40 femicidios ocurrieron en la Argentina en los 67 días del 2019.

Nunca el reclamo de las mujeres ha sido homogéneo, ni mucho menos egoísta. No podemos sólo detenernos a pensar en la brecha que existe en el mundo laboral, cuando suenan alarmas por todas partes, que tampoco son nuevas. No pueden ni deben paralizarnos.

Creo que entender la complejidad es fundamental, porque lo aceptemos o no, nos involucra a todos, y cuestiona todo. Comprender la heterogeneidad es la única manera de revisar cada consigna y abrir un espacio de diálogo. De otra manera solo caeremos en el error de disputar qué lucha es más importante y estaremos perdiendo el tiempo que no tenemos.

Por eso, la necesidad de pasar a la acción, de ser parte de las discusiones para poder aprehender, es el compromiso que tenemos que sostener con las generaciones futuras.

No podemos negar a las mujeres líderes que hay en todos los ámbitos. No podemos. Reconocer que las mujeres hemos ganado espacios de participación es vital, entendiendo que llegamos a ellos después de haber conquistado derechos básicos como el acceso a la educación, a la salud, al trabajo, y la participación política. Ninguno de estos logros resultó por aceptar al patriarcado, sino, por el contrario, fue por ponerlo en discusión, reconociéndolo para poder conseguir nuevos espacios.

Ahora bien, aunque las “nuevas” mujeres trabajadoras estén dotadas de un montón de derechos, no quiere decir que hayan superado las brechas de género aún existentes, que sólo cambiaron de formas. Porque la trampa está.

Por ejemplo, el trabajo doméstico no remunerado. El trabajo del “ama de casa” no debería reconocerse solo como una manifestación del amor, puesto que es un trabajo no reconocido económicamente dentro de la economía familiar. Si bien es sabido que hay excepciones, la generalidad parece asumir sin mayores dudas que el trabajo de la casa y la crianza de los niños es una cuestión exclusivamente femenina. Y en esto no hay distinción entro lo urbano y lo rural.

Cada vez que me encuentro con una mujer productora, cooperativista, dirigente o feriante, sé que detrás de ellas, más allá de su función social o laboral, hay todavía más trabajo en su vida doméstica. Ella misma lo incluye en sus relatos.

Si son capaces de dirigir una cooperativa con el mismo compromiso que lo hacen cuando están al frente de su economía familiar, no me quedan dudas que son multitasking, con un pensamiento complejo. Por ende las luchas serán iguales de diversas e inclusivas. Si algo saben es pensar en todos.

Y va una última invitación, de mujer a mujer: este 8 de marzo olvídate del “feministómetro”. Dejá de medir cuántos rasgos feministas tiene una u otra persona. En el día de la mujer abraza aquellas que tenes cerca y empezá por aplicar el ejercicio de la sororidad.

No hay otro camino posible que no sea el de entendernos heterogéneos desde el respeto, más aun si queremos varones y mujeres iguales.

* La autora es productora de Frontera Jesuita, y editora de NEA RURAL

Foto principal: Gentileza de Gabriela Ayala. 

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